Catalina solo la llama su madre cuando le va a reñir, para el resto es Cata. Precisamente de su madre le viene la pasión por el patinaje, que es su deporte favorito desde pequeña. «Básicamente antes de empezar a caminar ya tenía los patines puestos porque a ella le gustaba mucho patinar y dábamos paseos juntas», dice. Esta afición la dejó aparcada durante más de dos décadas, hasta que hace tres años volvió a colocarse los patines y desde entonces es una de las asiduas que van por la margen derecha del Guadiana sobre ruedas.

Esta colombiana de la zona cafetera de Pereira llegó a Badajoz en 2009 desde Nueva York. Allí se fue cuando tenía 23 años buscando cambiar de aires. En la ciudad de los rascacielos conoció a su expareja, que era pacense, y cuando nació su hijo decidió que Badajoz era el sitio perfecto para criarlo. «Buscaba calidad de vida, sobre todo para mi hijo, y esta ciudad me encanta porque me permite tener tiempo para estar con él».

Le costó cambiar de escala urbana, pero hoy ya adaptada y con su vida hecha aquí, reconoce que se siente como si fuera de Badajoz. De la ciudad también valora la seguridad, que le da la libertad de sacar al perro de noche sin miedo y que le ha permitido desprenderse del hábito de salir a la calle con dinero en todos los bolsillos.

«Es un trocito de verde dentro de la ciudad y es algo que necesito para desconectar»

Esa misma seguridad también la menciona si compara Central Park con el parque del Guadiana. «El de Nueva York es tres o cuatro veces más grande y también se puede patinar, pero a mí este parque me gusta muchísimo, es uno de mis sitios favoritos de Badajoz, y, sobre todo, allí no me sentía tan segura como aquí». Por eso, cuando hace tres años decidió que quería subirse de nuevo a unos patines, no temió en salir sola a recorrer la margen derecha del río.

En sus paseos, solía ver a un grupo de patinadores con sus llamativas luces de colores y decidió buscarlos por Internet. Era el grupo de la asociación Patinar por Badajoz –que han revivido una práctica que siempre ha tenido presencia en la ciudad– y no dudó en apuntarse y unirse a ellos en sus rutas.

«Frenaba contra las farolas»

«Patinar en grupo es muy divertido, te picas un poco más y te entretienes. Además con ellos he aprendido mucha técnica. Yo antes frenaba contra las farolas y la gente del grupo me ha enseñado a sortear bordillos, cuestas y hacer eslalon».

Con el grupo de la asociación sale de ruta tres veces en semana, le gusta especialmente la de los domingos porque es el paseo más familiar, y por las cañitas que se toman después. «En todas las rutas que hacemos con los patines no puede faltar el parque del río».

Destaca que el trayecto asfaltado de la margen derecha es perfecto para los patinadores, independientemente de que sean más o menos habilidosos sobre las cuatro ruedas. «Es un camino fácil para patinar, puedes hacerlo relajado o, cuando no hay mucha gente, practicar un poquito de velocidad y además es muy seguro, porque por la ciudad hay zonas en las que tenemos que ir por carretera entre los coches o por las aceras, donde se nos enganchan los patines en huecos de los adoquines».

«Es muy divertido encontrarte gente haciendo todo tipo de ejercicio, te inspira una vida más sana»

Aún así, ella siempre va provista con muñequeras y rodilleras para proteger lo primero que apoya si va al suelo. Cuando hace rutas cañeras se calza también el casco y las coderas porque no esconde que con los patines se ha pegado «caídas monumentales».

Al margen de esos paseos en grupo, Cata, que trabaja en una tienda de telefonía, no renuncia a seguir patinando sola cuando lo que busca es desconectar y tiene hueco, por eso nunca saca los patines del maletero de su coche. «Tengo días que me gusta patinar sola, ponerme mi musiquita y tirar hasta donde yo quiera». En esos días también va al río a patinar. Su camino empieza en el acceso al parque por el Puente Real y termina casi llegando a Gévora. «Suelo hacer unos doce kilómetros y tardo una hora. Este parque es un trocito de verde dentro de la ciudad y es algo que necesito para desconectar. Para mí es terapia, me encanta ver el río y los árboles mientras voy patinando», reconoce.

Destaca también el ambiente deportivo que se vive en las orillas del Guadiana. «Es muy divertido encontrarte gente haciendo todo tipo de ejercicio, te inspira una vida más sana».

Fuente: «El parque del río no puede faltar en nuestras rutas en patines» | Hoy

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